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Reflexiones y Propuestas hacia una Adaptación "Sostenible"

  • Haurreskolak
  • 6 jul 2025
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 19 dic 2025

La adaptación debe ser suave, lenta. Para que la transición del hogar a la escuela infantil sea amable, es imprescindible que nos fijemos en las emociones tanto de la niña o el niño como de la familia.


Las familias normalmente no conocen al personal educativo, por lo que muestran su nerviosismo en estos primeros días. Sus preocupaciones y temores empiezan a aparecer durante el período de adaptación, porque el tesoro más preciado que tienen lo van a dejar en manos de personas desconocidas y seguramente será la primera vez que se separarán de su bebé. Esto no lo podemos olvidar en ningún momento. Identificar y colaborar con el contexto, las necesidades y las emociones de cada familia es imprescindible para poder ofrecer un comienzo adecuado. Debemos destacar la importancia que tienen los comienzos, ya que en ellos se siembran semillas de pilares de confianza y colaboración.


Aunque el Consorcio Haurreskolak tiene establecida en su Proyecto Educativo una adaptación de 10 días laborables, la experiencia de años nos lleva a saber que este no es el tiempo que normalmente los niños, las niñas y las familias necesitan para adaptarse a la escuela infantil, que esto no es real.


Las familias del Consorcio Haurreskolak tendrán desde el principio la posibilidad de estar en las aulas y poco a poco, abandonarán el aula dejando allí a su hija o hijo. Durante los primeros días se irá reduciendo gradualmente el tiempo que las familias están presentes en el aula en función de sus vivencias, lo que nos dará al personal educativo un protagonismo en la interacción con el niño y la niña a través de la separación progresiva de las familias, siempre y cuando se hayan compartido y consensuado las necesidades e impresiones con las familias. La actitud del personal educativo hacia la familia es determinante para avanzar en este proceso, por lo que deberemos escuchar las dudas e inquietudes que surjan y responder a los nuevos retos. Para ello, la comunicación con la familia será la herramienta más valiosa.


En los primeros días, la niña o el niño se irá acostumbrando al aula poco a poco (al espacio físico y a los materiales que ésta le ofrece). Cada uno y cada una a su ritmo, claro. En realidad, aunque algunas niñas y niños al principio no se desprenderán de su familia, es habitual que poco a poco lo hagan, con acompañamiento, por su curiosidad.


En este proceso el personal educativo observaremos continuamente para poder identificar cuáles son las necesidades del niño o niña. Intentaremos mostrar cercanía con la mirada, los juegos materiales y el lenguaje oral y corporal. También trataremos de transmitirles que tenemos una relación natural y cercana con sus familias. Si la niña o el niño nos ve relacionándonos con naturalidad con sus familiares le parecerá que somos fiables. Sin duda, es importante construir la confianza entre el personal educativo y las familias.


A la hora de hablar del periodo de adaptación y de su duración es difícil basarse en un cronograma, ya que cada individuo tiene su propio ritmo y las necesidades y situaciones de cada familia condicionarán la duración de este proceso.


De esta manera, el personal educativo vamos estructurando y diseñando el proceso de adaptación de cada familia y de cada niño y niña, a través de los retos que surgen en el día a día. Para ello, la observación se convierte en un instrumento importante, siendo en todo momento fundamental la actitud de respeto y consideración hacia las familias.


En la fase de adaptación, el ideal sería tener un educador o educadora por cada dos o tres menores en el grupo de 0-1 años, y un educador o educadora por cada 4 menores en el grupo 1-2 años.


Durante los primeros días conviene que la niña o el niño y la familia permanezcan en el aula un máximo de una hora y que poco a poco se alargue el tiempo. Ampliaremos progresivamente el horario cuando sintamos que el niño o la niña se encuentra cómoda durante esa hora. El momento de las comidas comenzará más adelante, ya que las comidas y el sueño son uno de los momentos más delicados. En realidad, debería quedarse en la siesta cuando encuentre la suficiente comodidad durante la mañana y la hora de comer.


No debemos tener prisa para que coman a la hora de comer. Si se siente respetado o respetada, será más fácil que empiece a comer de forma placentera con la compañía de otras personas. Incluso en el momento del sueño, la clave es la presencia y el apoyo de la educadora. En todo momento, esas son las claves: respeto, escucha activa y presencia. Todo lo demás vendrá en su momento.


Esta etapa es época de transición; no es fácil para las niñas y los niños, ni para las familias, ni para el personal educativo. Las emociones suelen ser latentes y siendo el inicio de un proceso de conocimiento mutuo, la adaptación suele ser muy intensa, pero pasará.


Es posible que el niño o niña se vea bien en la escuela infantil, pero a la hora de comer o dormir indique que aún no se ha adaptado del todo. Todo ello es una información indicativa, ya que todavía no dominan el lenguaje oral, por lo que aún no se han adaptado del todo y lo muestran así. Las niñas y los niños están comunicándose constantemente, tanto con lo que hacen como con lo que no hacen. Cuando se aprecia tranquilidad en sus rutinas y juego libre y es capaz de buscarnos (a las educadoras) y consolarse con nosotras cuando está sensible, entonces se diría que la niña o el niño se ha adaptado a la escuela infantil.


Quizá a las personas adultas nos entren prisas, pero éstas no son buenas compañeras. La niña o el niño, nadie más, nos indicará cuándo se ha adaptado.


Durante el periodo de adaptación, los niños y niñas viven una serie de experiencias increíbles: alejarse por primera vez de las personas con apego, crear confianza en esas otras personas que acaba de conocer, entender que la persona cercana volverá a buscarle tal y como se ha ido por la puerta... No son cualquier aprendizaje, son aprendizajes duros que no se aprenden de un día para otro.

 
 
 

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